La ducha ideal

Una buena ducha puede significar el comienzo de un gran día o la finalización de una jornada cargada de actividad, preocupaciones y por qué no, problemas. Los expertos la recomiendan como un hecho saludable por antonomasia y puede contribuir a mejorar nuestro estado físico y mental.

El agua caliente produce vasodilatación con lo que tiene un cierto efecto sedante y libera la tensión acumulada durante la jornada. El agua fría produce vasoconstricción que tiene un efecto estimulante y contribuye a eliminar el cansancio físico y psíquico. La combinación idónea para una ducha perfecta es la de utilizar agua caliente primero y, poco a poco agua fría después.

La temperatura ideal del agua a la hora de la ducha es templada, esto es, entre 25 y 30 grados; eso sí, no es aconsejable que la duración supere los 5 minutos.

Los beneficios de una ducha con agua templada son muchos y muy variados. En primer lugar, el aspecto de la piel mejora notablemente ya que ésta permanece hidratada y tersa, con los poros cerrados; en caso de tener picor en la piel, el agua templada es un gran calmante. En segundo lugar, mejora la circulación, así que es lo mejor para personas con problemas de varices. Y, en tercer y último lugar, estimula el metabolismo, de manera que te sientes más enérgico y activo.

Para que nos llegue siempre el agua caliente solemos poner al máximo el sistema de calefacción y luego mezclar con agua fría en la canilla; pero de esta manera es un derroche de energía, acelera la formación de cal en las tuberías y disminuye la vida útil del aparato. Vamos a ver en unos sencillos pasos cómo graduar el equipo de agua para ahorrar energía.

Buena parte de los equipos tienen 2 mandos. Uno que regula la apertura del gas y el otro la apertura del agua. Cuanto más se abre el mando del gas, más calienta el agua y más gas se desperdicia. Cuanto más se abre el mando del agua, sale con más caudal y menos temperatura. Los más modernos cuentan con regulación termostática donde se ajusta la temperatura a la que queremos que el agua salga.

A su vez conviene regular el equipo con cierta frecuencia ya que, por ejemplo, el mando que regula el caudal de agua se puede estropear si no se utiliza, pues se calcifica y el día que se quiere usar pierde agua. Un buen número de regulaciones son al menos cuatro veces por año.

Antes de ajustar el calentador, hay que decidir a qué temperatura deseamos que salga el agua por la canilla. Si queremos ahorrar, intentaremos que sea lo más baja posible.

Para ajustar el aparato En el caso de disponer de termostato, es muy sencillo, tan sólo hay que poner la temperatura que deseamos. El termostato se encarga de que el agua salga a esa temperatura desde el calentador, pero hay que tener en cuenta que luego desciende un poco la temperatura hasta llegar a la canilla. Generalmente se compensa con unos grados en invierno.

Si el equipo es manual primero pondremos todo al mínimo, el gas al mínimo, y el caudal de agua abierto a tope. Al principio iremos subiendo la temperatura cerrando poco a poco el caudal de agua, sin subir el caudal de gas. Si antes de alcanzar la temperatura ideal notamos que el agua está tardando demasiado en salir o que la cantidad de agua caliente que sale es muy poca, en lugar de seguir cerrando el caudal de agua, empezaremos a abrir el caudal del gas. Si lo que está es demasiado caliente el agua procederemos a la inversa, primero cerrando el gas y luego abriendo el agua.

Unas últimas recomendaciones

  • Si hace frío en el baño, caldear primero el ambiente con alguna estufa o radiador es más barato que quitarnos el frío con agua caliente. Por la tarde normalmente hace menos frío que a primera hora de la mañana, por lo que es más barato ducharse a esas horas.
  • Para aprovechar la inercia térmica, es mejor que todas las duchas se hagan seguidas. El baño estará caldeado y el agua saldrá caliente casi enseguida.
  • Si ponemos el agua más tibia que caliente, las duchas las haremos más ligeras, y gastaremos menos.
  • Aunque graduando el calentador podamos compensar hasta cierto punto el mal estado de las tuberías y de una mala combustión, es preferible revisarlos cada cierto tiempo para asegurar una buena eficiencia.

Siempre pueden existir la presencia de pérdidas u otros desperfectos que precisen de una revisión más profunda. Para ello no dudes en consultar con un especialista.

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